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Cómo llegué al mundo Zero Waste

Zero Waste

Seguramente existen tantas historias como personas que decidieron comenzar una vida más sostenible. Hoy os propongo compartir mi experiencia con vosotros y contaros mi camino hacia el Zero Waste.

Antes Zero Waste: una consumidora habitual

Voy a tener que ser sincera con vosotros: no siempre he sido consciente de la necesidad de llevar una vida sostenible. Cuando era una adolescente sí que llegué a reflexionar bastante sobre nuestro sistema económico y social y el impacto que causamos sobre el planeta, pero mis posiciones no encontraron mucho eco dentro de mi entorno. Los años pasaron y entre los estudios y la entrada en la vida activa, los fui dejando de lado. Consumía de forma digamos «tradicional», sin pensar en las consecuencias que conllevaban mis hábitos. Hacía la compra en el supermercado, comía carne todos los días, usaba plástico de un solo uso y aún peor… ¡no reciclaba! No me odiéis por favor…

Eso sí, siempre he tenido pequeños gestos que a mí me parecen de sentido común pero que sé por experiencia que no lo son para todos. Por ejemplo, no tirar nada al suelo en la calle, cerrar el grifo de agua mientras me cepillo los dientes, apagar las luz cuando salgo de una sala o tratar de no desperdiciar comida. Tampoco he sido nunca de adquirid muchas cosas, ni siquiera ropa, y ya compraba de segunda mano de vez en cuando.

Nada del otro mundo me direís… En efecto, estaba muy lejos de ser una consumidora responsable y zero waste.

La transición: un cambio de alimentación

Cuando ya llevaba algunos años trabajando, cumplí 25 y me mude con mi pareja. No sé si fue por la edad, el hecho de vivir juntos o ambos, pero empezamos a engordar y engordar hasta un punto que dijimos «hay que parar esto y cambiar nuestros hábitos». Lo primero que hicimos fue apuntarnos al gimnasio. Pensábamos que iba a ser suficiente y que compensaría nuestra gula, pero pasaron los meses y lo cierto es que no experimentamos ningún cambio destacable en nuestros cuerpos. Por eso decidimos centrarnos más en lo relativo a la parte de la alimentación. Y es ahí cuando me enteré de que no tenía ni idea de lo que comía y que, en general, estaba comiendo mal: muchos platos preparados, poca fruta y verdura, comida en la calle, pasta con nata por la noche…

Fuimos cambiando y mejorando poco a poco nuestra alimentación. Abandonamos los productos industriales ultraprocesados, aprendimos a leer las etiquetas, equilibramos mucho mejor el combo proteínas-grasas-hidratos y, sobre todo, añadimos productos mucho más sanos y naturales a nuestros platos.

Frutas y verduras

Tras averiguar y leer mucho sobre el tema, me iba enterando de todas las sustancias que introducimos en nuestro cuerpo sin saberlo, como el azúcar refinado o muchos conservantes y aditivos, y de sus efectos nefastos para nuestra salud. Gracias a la magia de internet y de los contenidos relacionados, me iba llegando información cada vez más amplia y documentada, hasta darme cuenta de todo el daño que nos estamos haciendo tanto a nosotros como al planeta.

La toma de conciencia

Me informé sobre los perturbadores endocrinos en los cosméticos, los mares de plástico, las montañas de residuos en Asia… Y muchas otras aberraciones ante cuales no podía quedarme sin hacer nada. Había llegado a un punto de no retorno. Continuar con los mismos hábitos no era compatible con lo que sentía: primero miedo y luego la necesidad de parar ésta maquinaria infernal. Fue buscando soluciones y consejos que podría poner en práctica cuando descubrí el maravilloso mundo del Zero Waste, y más generalmente del consumo y modo de vida sostenible.

Me queda mucho por aprender y por mejorar, cometí errores — y seguramente los seguiré cometiendo— pero ya sé cuál es el camino que quiero (y debo) seguir y también que nunca volveré atrás.

Y a vosotros/as, ¿qué es lo que os ha hecho o está haciendo querer llevar una vida Zero Waste ?

Imagen de portada: by Martin Sanchez on Unsplash

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